Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

Ciudad de almas perdidas

Ciudad de almas perdidas

Hay retratos exactos; retratos de ciudades igual que de personas. Quien no conoce el original admira la verosimilitud y siente en la imaginación el estremecimiento de una presencia cierta. Quien conoce bien el modelo y está en condiciones de comparar se asombra de la precisión del parecido, confirmado por detalles mínimos y sutiles que no pudieron ser inventados porque constituyen la médula misma de lo real. La paradoja del retrato es que, ateniéndose a la superficie de lo que ven los ojos, alumbra lo profundo y deja intuir lo secreto. La cara es el espejo del alma. Uno mira la cara en el retrato, o la ciudad en una narración, en una película, en una serie de fotografías, y puede decir, como señalando con el dedo: “Es así”. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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La narración ilimitada

La narración ilimitada

Empecé hace unas semanas a leer a Don Winslow y no he podido dejarlo. Hasta hace muy poco apenas me había fijado en sus libros y ahora empiezo uno en cuanto he terminado el anterior, y compruebo con impaciencia, casi con alivio, que acaba de publicarse otra novela suya, que reseñaba hoy mismo The New York Times. Lo peor de los prejuicios es que uno no sabe que los tiene. En escaparates de librerías, en suplementos literarios de aquí y de fuera, yo había encontrado el nombre de Don Winslow, pero no me había fijado mucho en él porque venía asociado a ese tipo de novelas que uno ve muy destacadas en las librerías de los aeropuertos, con portadas como titulares sensacionalistas, a veces en letras doradas en relieve. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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Instantáneas que detienen la vida

Instantáneas que detienen la vida

No siempre lo original o lo memorable ocurre en los centros privilegiados del mundo, en los lugares de máxima irradiación en los que están las galerías, las editoriales, los medios que amplifican lo de antemano prestigioso. Lo original, lo verdadero, lo del todo inesperado, estalla de golpe en lugares apartados, en la periferia geográfica o social, inventado por visionarios que convierten en mérito su aislamiento y obtienen la fuerza de su marginalidad. Pero como sucede tan lejos y nadie importante le presta mucha atención, lo original corre el peligro de perderse, un relámpago que no ha visto casi nadie y que se extingue en la oscuridad, un talento secreto que al ser descubierto demasiado tarde obtiene el prestigio triste de lo póstumo. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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